Travesía

Un comentario

 Todavía recuerdo aquel día que salí de mi pueblo 20 del enero de 2001, cargado de sueños y de ilusiones. La tristeza que sentía no me dejo despedir casi de nadie.

Algo que jamás olvide es la despedida de mi abuelita, llorando me dio la bendición y me dijo entre sollozos, hijito ya no te he de volver a ver. Hasta este instante se me hace un nudo en la garganta, porque así fue. Después de mi partida en unos años mi abuelita falleció, ahora solamente nos vemos en sueños de vez en cuando.

En una tarde gris me embarcaba en un autobús con rumbo a la capital Quito, de donde emprendería otro viaje hasta Colombia, para de ahí tomar un avión a México. Viajaba como vendedor de una compañía de artesanías nacionales.

Llegando en México empezó mi calvario, apenas bajamos del avión ya fui detenido y llevado a una oficina donde un oficial me interrogaba y a pesar de que yo tenía la visa y todos los documentos en regla no me dejaba ir, porque él aseguraba que algo estaba mal. Yo seguía en mi papel y le decía que me podía tener ahí todo el día que yo estaba legal. Una mujer oficial ya cansada fue y me dijo directamente que todo estaba bien, pero que si quería salir tenía que darles una “mordida” (dinero), yo tenía el dinero repartido en toda la ropa estaba entre las costuras y antes de que se me acerque le dije, aquí está es todo lo que tengo fueron doscientos dólares, después de pagar me dejaron salir.

Llegamos a un hotel que no estaba tan mal, comimos, descansamos, éramos dos. El coyote de Ecuador ese mismo día nos robo los pasaportes con el cuento que se iba a hacerles poner un sello, nunca más lo volví a ver. Pasamos en Ciudad de México dos días hasta que un coyote del estado de Guerrero nos contactó, él nos mandó a recoger. Pasamos quince días en Tlapa estado de Guerrero.

Llegó el día en que nos trasladaron a Sonora, a la frontera entre México y Estados Unidos, recuerdo el lugar donde cientos de hermanos se preparaban para emprender un camino tan peligroso y lleno de riesgos, el lugar parecía un convento la gente dormía casi uno encima del otro, un lugar horrible, el primer día me acosté por ahí en un rincón. Justo cuando empezaba a quedarme dormido se cruzó por encima mio una rata o serían dos pero del susto me pare y me fui a sentar en el patio, cuando amaneció me quede dormido.

Fue en el mes de febrero y era pleno invierno, hacía un frío insoportable. Daban las tres de la tarde cuando salimos en pelotón, unas sesenta personas con dirección al desierto. Caminamos y caminos sin parar. Todos le seguíamos a una sola persona que le dicen pollero (porque todos le seguimos a él como pollitos) caminamos hasta el anochecer, serían las nueve de la noche cuando de pronto empezó a sobrevolar sobre nosotros uno de esos aviones autopiloto el mismo que detecta señales infrarrojas de cuerpos o de todo ser viviente en movimiento.

El pollero gritó todos al suelo y no le miren, todos con las cabezas contra el suelo. No pasaron quince minutos y los de inmigración a caballo y en carro ya estaban ahí para arrestarnos. Nos llevaron a un retén donde nos requisaron y pedían documentos. En ese momento muchos de los que estaban ahí iban siendo separados ya sea porque llevaban papeles falsos o bien porque no hacían bien el papel de Mexicano. Yo llevaba conmigo una licencia mexicana la revisaron y me hicieron varias preguntas acerca de México. Sin ningún problema contestaba porque esos quince días en Guerrero fue lo que hicimos, estudiar de dónde éramos, país, ciudad, padres, hermanos, el himno nacional de México, gente del gobierno y entre otras cosas.

Rogándole a Dios para que ya nos dejen ir, nos subieron a las perreras (camionetas parecidas a esas donde llevan a los perros porque es con barrotes y mallas) nos bajaron otra vez en la frontera de México, pasamos unas horas ahí y en la tarde ya estábamos de regreso, esta vez ya veníamos por un camino más largo, se me acabó el agua, la comida, me memoria de frío.

Por la gracia de Dios y en la angustia que vivía esos momentos de hambre y sed una pareja se me acercó y me tendió en la mano un pedazo de tortilla seca y agua. Nos hicimos amigos y continuamos juntos.

Durante y ya en medio del desierto salió una banda de ladrones, nos dejaron pelados. Solo se salvó lo que tenía escondido en el zapato. Después del susto continuamos hasta llegar a un rancho de americanos en donde ciertamente no era una banda de ladrones pero igual nos robaron lo poco que teníamos. Si no pagábamos, no pasábamos por ahí.

Estábamos ya más de medio camino adentro en zona americana, una chica se rompió un pie y le fuimos ayudando entre todos, pasando por cruces de gente enterrada en el camino viendo pertenencias, fotos y sueños de otras personas que se quedaron ahí para siempre. Hasta ese momento para mí fue una aventura.

Física y anímicamente afectado por lo que vi no me quedó más que apoyado en mi Fuerza de Voluntad seguir ya sin mirar atrás.

Lastimado, cansado, magullado y hambriento después de cuatro días en el desierto llegamos una mañana helada a Tucson – Arizona, y no acaba todo ahí, fuimos transportados como costales de papas uno encima del otro en una furgoneta, donde normalmente entran unas diez personas, entramos unas treinta en ese estado por una hora de camino, fue desesperante y doloroso.

Llegamos a una casa donde igualmente había cientos de inmigrantes, nos dieron algo de comer y en el momento me puse en contacto con mis hermanos para que depositen el resto de dinero de lo que habíamos pactado. Fue algo rápido y el mismo día en la noche ya me embarcaba en un bus a la ciudad de las Vegas en donde de allí tomaría un vuelo hasta San Francisco, donde me esperaba mi familia. El viaje en total tuvo un costo de quince mil dólares, el riesgo de mi vida y un mes de camino.

Por favor, no arriesguen sus vidas, lo aquí contado esta sin detalles. Realmente fue más fuerte y dolorosa la travesía.

Por la gracia de Dios me fue bien y el sueño americano se hizo realidad, pagué mis deudas, arregle mi situación legal, estudie, tengo una bella familia. Sigo cumpliendo mis metas.

Hermanos inmigrantes nunca se den por vencidos y sigan luchando y realizando todos sus sueños que si se puede.

A.B

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