Amor Infinito

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En la primavera del 2 de marzo del 2009 fui testigo de un amor, puro, tierno y verdadero. Qué más podría decir después de conocer esta pareja de ancianos queprofesaron su amor hasta los últimos días de su existencia.

En el año ya mencionado me acababa de mudar a un nuevo departamento y ese día en el que organizaba mi recamara me asomé a la ventana que daba al patio trasero de mis vecinos, el Sr. Smith y su esposa Helen, eran una pareja adorable de ancianos. Aquel día y muchos otros fui testigo de los actos de amor que entre ellos se profesaban  y los que ahora voy a contar.

Empecé asomarme a la ventana cuando escuchaba que ellos salían al patio, me di cuenta de que la Sra. Helen ya no caminaba y era su esposo el que la ponía en sus brazos y cargándola la llevaba hasta el jardín, ahí él le acomodaba, le besaba en la mejilla, le cubría con un manto las piernas y se regresaba a la cocina por una taza de té y unas hojas que después me enteré que eran cartas que el las escribía diariamente con dedicatoria para la esposa.

Así transcurrieron muchos días, los besos en la mejilla, la atención tan delicada hacia su amada las lecturas de sus cartas de amor, eran tan felices hasta que un mal día Helen se quedó postrada en una cama, nada podía mover  más que sus bellos ojos  que parecían dos perlas preciosas.

Dentro de la casa le ponía su música favorita,  películas de romance y de antaño, todos los días cambiaba la decoración y las flores  de la mesita de noche que Helen tenía a su lado, le alimentaba, le peinaba.

El día que fuimos a visitarlos iba   de la mano de mi esposa al momento que entre a su recamara sentía que mi corazón se oprimía adentro del pecho, el Sr. Smith le enjuagaba la cara con un paño húmedo, le frotaba crema en las manos y le ponía gotitas de perfume atrás de sus oídos, el le hacia todo tal cual fuera una criatura. Me imaginaba el dolor que sentía el Sr. Smith al ver a su Reyna como el decía, fue insostenible  y las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas. Acercándose y tomándonos de la mano me dijo, los momentos que el señor nos da son únicos, nosotros siempre hemos sido felices, cuando jóvenes nos conocimos, tuvimos hijos, y ahora nietos, yo todavía tengo claro en mi mente cuando  bese a Helen y cargue a mis hijos por primera vez y es como que fue ayer. El tiempo apremia nunca lo malgastes en peleas y riñas insignificantes, nunca juzgues, nunca lastimes, al final de los días solamente se tendrán el uno para el otro y lo demás será tan solo un recuerdo.

No solamente se dice te amo, te quiero, el amor se demuestra, con besos, con abrazos con caricias, con palabras de aliento con apoyo incondicional y sin juzgamientos.

Entre sueños escuche que resonaba la sirena de los paramédicos afuera de la casa,  eran esos ojitos verdes que se cerraron para no abrirse más, y a lo lejos los sollozos invadieron la noche, Helen acababa de fallecer.

Asistimos al funeral y fue la primera vez en todos esos meses que vi llorar al Sr. Smith, abriendo una nota en voz clara y tenue dijo.  Me quedo con tu sonrisa y tu mirada no te has marchado, siempre estaras viva en mi corazón.

Las plantas del jardín se marchitaron y la mala hierba empezó a crecer por todo lado, después de unos meses el Sr. Smith falleció, se durmió en la silla del patio y ya no despertó. Su amor y su matrimonio sobrepasaron los noventa años.

” Yo te amo, y en las buenas gozare contigo y en las malas te cuidare”

A.B

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